Ella es Olga Medrano, la mexicana ganadora de la Olimpiada Europea de Matemáticas
Olga estudia en una escuela privada de Zapopan, Jalisco Mexico, cuna del grupo Mana y de Carlos Santana.
El concurso es para chicas europeas, pero con el propósito de promover la materia, se invita a diferentes países a participar, entre ellos México, Japón y Estados Unidos. La delegación mexicana estuvo formada por cuatro estudiantes, previamente seleccionadas, en el caso de México el filtro fue la Olimpiada Mexicana de Matemáticas.
El resultado fue por de más satisfactorio para nuestro país pues además de Olga Medrano, la joven Alka Xavier Earathu, ganó la medalla de plata
En lo que va del año, Olga Medrano ha ganado dos competencias internacionales de matemáticas, una fue el Romanian Master of Mathematics, en la que sólo son invitados los 20 mejores participantes del mundo
La próxima meta para Olga es la Olimpiada Internacional de Matemáticas (IMO, por sus siglas en inglés), que se celebra desde 1959 con la participación de más de 100 países de los cinco continentes, así como el Putnam, que incluye a universidades de Estados Unidos.
El talento de Olga Medrano Marín fue recompensado con una beca por parte del Instituto Tecnológico de Massachusetts
El mexicano que participó en el descubrimiento de las ondas gravitacionales
Ciudad de México. 25 de febrero de 2016
A través de su portal de noticias en Internet , la Agencia de Información del Conacyt ( Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología) dio a conocer un reportaje hecho en torno a Guillermo Adrián Valdés Sánchez .
Guillermo es un científico mexicano que trabaja actualmente en el Centro de Astronomía de Ondas Gravitacionales, de la Universidad de Texas. Él, junto con varios científicos provenientes de diversas partes del mundo formaron parte del Observatorio de Ondas Gravitacionales por Interferometría Láser (LIGO, por sus siglas en inglés), en uno de los proyectos científicos más importantes actualmente a escala mundial : la comprobación de la existencia de las ondas gravitacionales.
La comprobación de la existencia de las ondas gravitacionales había sido objeto de investigación desde hace 100 años, luego de que Albert Einstein propusiera en la Teoría de la relatividad general que la fuerza de gravedad es el resultado de la curvatura del espacio-tiempo.
El reportaje destaca la participación del mexicano en dicho proyecto a partir de el apoyo recibido por el Conacyt.
"Respecto al papel que ha jugado el Conacyt para su formación académica, el físico mexicano destacó que fue fundamental, ´me otorgó la estabilidad económica suficiente para dedicarme cien por ciento a mis estudios. Muchas veces, esta falta de apoyo económico es la que limita el desarrollo de las personas y los proyectos. Agradezco al Conacyt por creer en mí y ayudarme. Con mi trabajo les quiero mostrar que su inversión no ha sido en vano´”.
Este tipo de notas, bajo un discurso nacionalista, buscan incentivar a la población a buscar la oportunidades que las instituciones gubernamentales ofrecen. El gobierno mexicano destina recursos monetarios, que aunque limitados, pueden ser de gran ayuda para aquellos que buscan superarse; o por lo menos eso intenta dar a conocer con este tipo de reportajes.
Parece ser que solo científicos de Brasil, México y Argentina participan en LIGO, Observatorio de Ondas Gravitacionales por Interferometría Láser
La información se difundió rápidamente en el territorio mexicano y fue objeto de orgullo y reconocimiento al trabajo de Corral. La historia que retomaron varios #medios digitales era lo bastante sólida para no dar cabida a dudas.
Existe una foto, un trabajo de #investigación y hasta el nombre de la #Universidad de Oxford. ¿Fue mentira la información de la mexicana que cuestionó las teorías de Stephen Hawking? Todo apunta a que sí.
Se habló de un trabajo de investigación de Leticia Corral, de una Asociación Internacional de Ingenieros, incluso se hizo mención a la Universidad de Oxford. En este punto circuló una fotografía de Leticia Corral posando al lado de un letrero en el que se lee “Oxford University. Andrew Wiles building. Mathematical Institute”. Parecía ser una noticia consistente. Ante eso, ¿había probabilidad de haber caído en un bulo más de internet?
El día de ayer el portal noticioso SDP Noticias publicó un texto del Dr. Eliseo Sarmiento Rosales de la Escuela Superior de Física y Matemáticas del IPN.
Sarmiento Rosales hace un desglose lo suficientemente claro para poner en duda la información de la Dra. Leticia Corral. De nueva cuenta la incredulidad en el equipo editorial de códigoF: ¿La noticia “Mexicana cuestiona a Stephen Hawking y es reconocida a nivel internacional” era falsa? Ahí está una foto. Un trabajo de investigación firmado por Corral y alojado en la página del World Congress on Engineering 2015 y publicado en nuestra plataforma.
Pero el Dr. Sarmiento Rosales, Jefe del Departamento de Formación Integral e Institucional y miembro del SNI Nivel I va más allá y cuestiona toda la historia.
Rosales reconoce la experiencia de la Doctora originaria de Chihuahua; reconoce, también, sus méritos como académica y galardonada con un reconocimiento, sí, Estatal por el desarrollo de un robot mecatrónico.
De igual forma, el académico del IPN reconoce la existencia de un trabajo de investigación firmado por la Dra. Corral, sin embargo es enfático al apuntar que es una investigación aleatoria que, de acuerdo a su propia exploración, no se hizo acreedora a reconocimiento alguno.
Pero es enfático al subrayar que la Dra. Leticia Corral carece de experiencia en astrofísica, como muchos medios mencionaron.
La experiencia que obtenemos como medio y como equipo editorial es grande y nos compromete a ser más consistentes en nuestras políticas informativas y editoriales. Por el bien de nuestros lectores y de las plataformas digitales de noticias hemos corregido y reconocemos el error.
Ahora, me permito explicar algunas INEXACTITUDES sobre dicha nota,
1.- Si entran a la página de la Asociación Internacional de Ingenieros/International Association of Engineering (http://www.iaeng.org), podrán notar que no se encuentra ninguna referencia de que la Dra. Leticia Corral haya ganado premio alguno.
2.- En cambio, en dicha página se encuentra un artículo titulado: «Model to Predict the Lowness of En-tropy at the Big Bang with Relativistic Equations» en los proceedings del «World Congress on Engineering 2015» con fecha del 1 al 3 de julio de 2015, y que se puede consultar en el siguiente enlace: http://www.iaeng.org/publication/WCE2015/WCE2015_pp14-19.pdf. Lo que significa que hace medio año le aceptaron un trabajo a la Dra. Corral en dicho congreso. Es pertinente decir que las memorias de este congreso no pertenecen al Master Journal List (http://ip-science.thomsonreuters.com/mjl/), , esto pone en duda el rigor del arbitraje; o sea, no es seguro que dicho artículo haya sido revisado por expertos en el área.
3.- La Dra. Ramona Leticia Corral Bustamante es egresada del Doctorado en Ciencias de Materiales que imparte el Centro de Investigación en Materiales Avanzados y ninguno de los artículos que pude encontrar en alguna revista indexada (ISI, JCR, etc.) pertenece al área de astrofísica, por lo tanto no es claro por qué afirman que la Dra. Corral es astrofísica.
4.- La única evidencia que encontré de que la Dra. Leticia Corral fue bien recibida en Oxford, es una fotografía. Eso no es evidencia de que algún investigador de dicha institución haya evaluado el trabajo de la doctora.
5.- La Dra. Corral es una profesora reconocida dentro del Instituto Tecnológico de Cd. Cuauhtémoc y fue galardonada con el Premio Chihuahua 2013 en la categoría de Ciencias Tecnológicas por su trabajo «Diseño de un robot mecatrónico para dar terapia y remover tumores», dicho robot fue el resultado del trabajo en conjunto de tres generaciones de estudiantes de Ingeniería Mecatrónica. http://www.tecnm.mx/academicas/investigadora-del-instituto-tecnologico-de-cd-cuauhtemoc-recibe-el-premio-chihuahua-2013-dp1
6.- Entre las notas de otras fuentes referentes a este tema, no existe evidencia donde la Dra. Corral hable explícitamente sobre el premio, lo que plantea serias dudas que la nota la hayan escrito, incluso sin el permiso de la Dra. Corral.
Aprovecho la oportunidad para expresar que a nuestro país le hacen falta más periodistas que hablen de ciencia y tecnología; en particular, sobre investigadores mexicanos que impactan en temas de frontera, como en este caso lo intentaban hacer sobre cosmología. El problema es que ocasionalmente, los periodistas no se dan el tiempo de corroborar las notas, generando notas incorrectas como las que pongo a continuación:
a.- El 1 de junio del año pasado, Chumel Torres en su programa:«El pulso de la república», anuncia que un alumno del IPN llamado Fernando Rodríguez, trabajará con Stephen Hawking (https://www.youtube.com/watch?v=EvbIrq4apdg). En pocas horas, el canal de Youtube de «El pulso de la república», editó la noticia original y eliminó esa cápsula por la cantidad de personas que desmintieron la información, incluido el propio IPN (https://www.youtube.com/watch?v=K6niWaPoBnM).
b.- El 19 de marzo de 2014, se anunció que Alejandro Gallardo Enríquez modificaba las «Leyes de gravitación» de Newton; además de «impulsar exponencialmente la ingeniería automotriz, aeronáutica y aeroespacial; también sería el primer Premio Nobel para la UNAM, México y América Latina» (sic). El trabajo de este pasante de la Facultad de Ingeniería era parte de su tesis de ingeniería. Hasta donde recuerdo, fue tan bochornoso para la UNAM, que la propia institución suspendió la defensa de dicha tesis. (http://www.cronica.com.mx/notas/2014/822515.html)
Estas noticias que recibieron atención nacional en un inicio, pero que fueron blanco de críticas por la comunidad científica del país tienen las siguientes similitudes:
Fueron dadas a conocer en algún medio de noticias.
No estaban acompañadas de un artículo en alguna revista científica indexada, o sea no habían sido revisada por pares académicos que verificaran los resultados que exponen.
La veracidad de las afirmaciones solo son investigadas por el propio reportero, quien no tiene por qué ser un experto en el área.
Los trabajos son producto de un individuo, quien a diferencia de la mayoría de los científicos, trabajan en grupos de investigación. Incluso excepciones como el caso de la demostración de la Conjetura de Poincaré por Grigori Perelman, pasa por un proceso donde los especialistas del área corroboran sus resultados.
Por lo anterior, si ustedes encuentran un artículo con estas propiedades, pueden dudar fuertemente sobre su veracidad.
Finalmente, reitero que a nuestro país le hace falta que los medios de comunicación contengan más espacios donde se hable sobre temas científicos, pero es necesario que las fuentes sean confiables y que de preferencia siempre se tenga la asesoría de un científico.
(El autor es profesor-investigador de la Escuela Superior de Física y Matemáticas del IPN, miembro del Sistema Nacional de Investigadores y profesor en la Licenciatura en Actuaría y de la Maestría en Finanzas Cuantitativas en la Facultad de Ciencias Actuariales de la Universidad Anáhuac México Norte).
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El primer astronauta latinoamericano en viajar al espacio fue el cubano Arnaldo Tamayo, por medio de Rusia el segundo fue el mexicano Rodolfo Neri; tambien estan Fernando Caldeiro de Argentina, Franklin Chiang Diaz de Costa Rica, el brasileño Marcos Pontes, Ellen Ochoa mexicana chicana, Carlos Noriega de Peru y de Chile el señor Klaus von Storch excomandante de la fuerza aerea que esta a la espera de su primer viaje al espacio.
Arnaldo Tamayo Méndez
(Baracoa, Guantánamo, Cuba, 29 de enero de 1942) es un piloto de guerra, cosmonauta y Héroe de la República de Cuba. Primer americano no estadounidense en volar al espacio y primer cosmonauta cubano.
A su regreso a la Tierra fue condecorado con la primera medalla honorífica de Héroe de la República de Cuba.En Moscú recibió la Orden de Lenin y también fue nombrado Héroe de la Unión Soviética. Desde ese mismo año de 1980 Arnaldo Tamayo es diputado ante el poder legislativo cubano. Es presidente del Grupo Parlamentario de Amistad Cuba-Rusia y de la Asociación de Amistad Cuba-Rusia.
Rodolfo Neri Vela
El doctor en ingeniería Rodolfo Neri Vela (Chilpancingo de los Bravo, Guerrero, México, 19 de febrero de 1952) fue el primer astronauta mexicano y el segundo latinoamericano (el primero fue el cosmonauta Arnaldo Tamayo Méndez, de Cuba) en volar al espacio exterior, al crearse un programa de colaboración entre la Secretaría de Comunicaciones y Transportes mexicana (SCT) y la NASA...
Fernando "Frank" Caldeiro (nacido el 12 de junio de 1958 en Buenos Aires, Argentina y fallecido el 3 de octubre de 2009 en League City, Texas, Estados Unidos) fue un astronauta argentino-estadounidense con un título en ingeniería mecánica de la Universidad de Arizona y la Universidad de Florida Central.
Caldeiro se convirtió en un astronauta de la NASA el 1 de mayo de 1996, como parte del Grupo Astronauta 16, de sobrenombre "Las sardinas". Fue asignado a vuelos de investigación a alta altitud a bordo de una aeronave WB-57 de la NASA
Franklin Chang-Díaz es un astronauta (retirado en julio de 2005) y físico, nacido el 5 de abril de 1950 en San José, Costa Rica, nacionalizado estadounidense desde 1977. Ha completado siete misiones espaciales entre 1986 y 2002. Fue el primer astronauta estadounidense de la NASA con ascendencia no de Estados Unidos, y uno de los hombres con más misiones y horas espaciales en la historia. Comparte el récord de número de viajes al espacio a bordo del transbordador espacial, con un total de siete misiones de la NASA...
Marcos Cesar Pontes
Marcos Cesar Pontes (Bauru, 11 de marzo de 1963) es un teniente coronel de la Fuerza Aérea Brasileña y primer astronauta brasileño en viajar al espacio alcanzando la Estación Espacial Internacional, a bordo de un Soyuz TMA-8, el 30 de marzo de 2006. Es el primer y único brasileño miembro del programa de entrenamiento de astronautas de la NASA, aunque comenzó su entrenamiento en Rusia, debido a contratiempos sufridos por la agencia estadounidense en su programa de lanzamiento de cohetes. Logró convertirse en el primer sudamericano en ir al espacio, ya que unos años antes, el chileno Klaus von Storch no pudo conseguirlo por que un informe médico no se lo permitió..."
Ellen Ochoa
ha sido astronauta de la NASA y es la actual directora del Centro Espacial Lyndon B. Johnson. Alguien que merece un sitio especial en este selecto grupo es Ellen Ochoa, la primer mujer de origen Hispano en haber viajado al espacio. Nació en Los Ángeles, California, y sus abuelos paternos eran mexicanos.
Carlos Ismael Noriega Jiménez
Carlos Ismael Noriega Jiménez (*Lima Perú, 8 de octubre de 1959), es un astronauta de la NASA, científico y Teniente Coronel retirado del Cuerpo de Marines de los Estados Unidos. Es peruano que ostenta también la nacionalidad estadounidense. Actualmente tiene 52 años.Seleccionado por la NASA en diciembre de 1994, Noriega fue enviado al Johnson Space Center en marzo de 1995. En mayo de 1996 fue asignado como especialista a una misión espacial. Noriega voló en la STS-84 en 1997 y en la STS-97 en 2000. Ha permanecido unas 461 horas en el espacio que incluyen 19 horas de paseo espacial en 3 oportunidades. Tras la STS-97 Noriega fue nombrado comandante de reserva de la Expedición 6 de la Estación Espacial Internacional..."
George David "Zambo" Zamka
George David "Zambo" Zamka (nacido en 1962) es un astronauta colombiano de la NASA y de ascendencia polaca que pilotó el transbordador espacial Discovery en su misión de octubre de 2007 a la Estación Espacial Internacional. Zamka es un United States Marine Corps piloto con más de 3500 horas de vuelo en más de 30 aviones diferentes..."
Estos son los 5 premios Nobel de Ciencia latinoamericanos
Bernardo Houssay (Argentina)
El primer latino del continente americano en ganar un Nobel científico, en su caso el de Medicina, obtuvo su galardón por sus experimentos en relación con el papel de las glándulas pituitarias en la producción de azúcar
médico y farmacéutico, había nacido en Buenos Aires en 1887 dentro de una familia de origen francés y murió en 1971.
Fue posiblemente el científico argentino más importante de todos los tiempos y era un ferviente defensor de la democracia, lo que le llevó a ser expulsado de la dirección del Instituto de Fisiología de la Facultad de Medicina de la Universidad Buenos Aires antes de recibir el Nobel. Aunque recibió numerosas ofertas para proseguir sus experimentos fuera del país, optó por permanecer en Argentina hasta el final de sus días.
Premio Nobel de Fisiología y Medicina de 1947
«Por el descubrimiento del rol de la hormona pituitaria del lóbulo anterior en el metabolismo del azúcar».
Luis Federico Leloir (Argentina)
(6 de septiembre, 1906 – 2 de diciembre, 1987) nació en París pero su familia, de nacionalidad argentina, migró al país sudamericano cuando él tenía 2 años. Obtuvo su Doctorado en Medicina en la Universidad de Buenos Aires en 1932. Allí conoció y trabajó con uno de los protagonistas del artículo: Bernardo Houssay. Acompañado de su gran maestro, comenzó a incursionar en investigaciones vinculadas a los carbohidratos y su intrincado metabolismo.
Premio Nobel de Medicina de 1970 «Por su descubrimiento de los nucleótidos-azúcares y su rol en la biosíntesis de los carbohidratos».
César Milstein (Argentina)
Cuando obtuvo su Nobel en Medicina en 1984, Milstein ya llevaba varias décadas trabajando en la Universidad de Cambridge de Gran Bretaña, país en el que se había nacionalizado. Este químico, que confesaba ser un mal estudiante aunque 'muy activo en política', obtuvo el galardón por el desarrollo de anticuerpos monoclonales. Había nacido en Bahía Blanca, aunque murió en 2002 en su Cambridge adoptivo. En 1958 migró a Inglaterra, donde luego se nacionalizó, para continuar sus estudios en Cambridge
Baruj Benacerraf (Venezuela)
(29 octubre, 1920 – 2 de agosto, 2011) nació en en la ciudad de Caracas en el seno de una familia judía. Tuvo una infancia y adolescencia turbulenta, migrando a diferentes países. En 1940 se asentó en Estados Unidos y a los dos años ya obtenía su Bachiller en Ciencias en la Universidad de Columbia. Sufrió discriminación a la hora de comenzar su doctorado en Medicina a causa de su origen y etnia, pero finalmente realiza su doctorado en el Medical College de Virginia.
Premio Nobel de Fisiología y Medicina de 1980
«Por contribuir en el descubrimiento de estructuras de la superficie celular que regulan las reacciones inmunológicas».
Mario Molina (México)
Este químico, nacido en Ciudad de México en 1943, es posiblemente el científico latino vivo más importante y el primer mexicano en recibir un Nobel científico. Obtuvo el galardón de Química de 1995 por sus descubrimientos en relación a la capa de ozono, concretamente por sus experimentos que confirman el papel que sobre ella ejercen los CloroFluoroCarbonos (CFS).
Aunque estudió en la Universidad Nacional Autónoma de México, su carrera profesional se desarrolló por diferentes países de Europa, para acabar recalando en Estados Unidos, país del que obtuvo su nacionalidad.
Peter Brian Medawar
(Rio de Janeiro, 1915 - Londres, 1987) Zoólogo, médico e inmunólogo británico. Nacido en Brasil, adonde sus padres habían viajado por negocios, estudió Zoología en Oxford; posteriormente fue profesor de dicha especialidad en las universidades de Birmingham (1947-1951) y Londres (1951-1962), y profesor de Medicina experimental en la Royal Institution (1977-1983). Desde 1962 hasta 1971 dirigió en Londres el National Institute for Medical Research. Muchos no lo consideran como brasileño. En 1960 recibio el Premio Nobel de fisiología y Medicina por el descubrimiento de la tolerancia inmunológica adquirida.
(conectada con el Premio Nobel en 1995, autorizada por el doctor Mario Molina)
Nací en la ciudad de México el 19 de marzo de 1943. Mis padres fueron Roberto Molina Pasquel y Leonor Henríquez de Molina. Mi padre fue un abogado; tenía un despacho particular, pero también era maestro en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). En sus últimos años representó a México como embajador en Etiopía, Australia y Filipinas.
Fui a la primaria y la secundaria en la Ciudad de México. Antes de entrar a la secundaria ya me fascinaba la ciencia. Aun recuerdo mi emoción cuando vi por primera vez paramecios y amibas a través de un microscopio de juguete más bien primitivo. Convertí entonces en laboratorio un baño de la casa que apenas usábamos, y pasé largas horas ahí entreteniéndome con juegos de química. Con la ayuda de una tía, Esther Molina, que es química, seguí realizando experimentos más desafiantes en la línea de aquellos realizados por estudiantes de química de los primeros años de universidad. Apegados a la tradición familiar de enviar los padres a sus niños a estudiar al extranjero por un par de años, y conscientes de mi interés en la química, fui enviado a una escuela en Suiza cuando tenía 11 años, bajo la convicción de que el aprendizaje del alemán era importante para un posible químico. Yo estaba muy entusiasmado de vivir en Europa, pero me desilusionó que a mis nuevos compañeros no les interesara la ciencia más que a mis amigos de México.
Para entonces ya había tomado la decisión de ser investigador en química; antes, había contemplado seriamente la posibilidad de dedicarme a la música (solía tocar el violín por ese entonces). En 1960 comencé los estudios de ingeniería química en la UNAM, toda vez que este camino, que ofrecía materias de matemáticas a las que no se tenía acceso en la carrera de química, era el más corto para llegar a ser un físico-químico.
Luego de terminar la carrera en México, decidí cursar los estudios de posgrado en físico-química. Esto no era fácil: si bien mi preparación en ingeniería química era buena, adolecía por el lado de las matemáticas y la física, así como en diversas áreas de físico-química básica —materias como mecánica cuántica eran totalmente ajenas a mí por aquel entonces. En un principio me trasladé a Alemania e ingresé a la Universidad de Friburgo. Luego de dedicar cerca de dos años a la investigación en cinética de polimerizaciones, caí en cuenta de que quería dedicar más tiempo al estudio de algunas materias básicas a fin de ampliar mis fundamentos y explorar otras áreas de la investigación. Así, decidí solicitar mi ingreso a algún posgrado en Estados Unidos. Mientras ponderaba mis planes futuros, pasé varios meses en París, donde pude estudiar matemáticas por mi cuenta y donde pasé ratos maravillosos en charlas sobre todo tipo de temas —desde la política hasta la filosofía y las artes— con muchos buenos amigos. Posteriormente regresé a México como Profesor Asistente de la UNAM, y creé ahí el primer posgrado en ingeniería química de México. Finalmente, en 1968 me trasladé a la Universidad de California en Berkeley para realizar mis estudios de posgrado en físico-química.
En mi primer año en Berkeley tomé clases de física y matemáticas, además de las materias obligatorias en físico-química. Seguidamente me incorporé al equipo de investigación del profesor George C. Pimentel, con el objetivo de estudiar dinámica molecular con ayuda del láser químico, que había sido descubierto por ese equipo de investigación algunos años antes.
George Pimentel fue también un pionero en el desarrollo de técnicas de aislamiento de matrices, que son ampliamente utilizadas en el estudio de la estructura molecular y los enlaces químicos en especies transitorias. Él fue un excelente profesor y un guía maravilloso; su afecto, su entusiasmo y su motivación me inspiraron para abordar importantes problemas científicos.
Mi trabajo de posgrado implicó el estudio de la distribución de la energía interna en los productos de reacciones químicas y fotoquímicas; los láseres químicos eran herramientas apropiadas para dichas investigaciones. En un principio yo tenía poca experiencia con las técnicas de experimentación que requería mi investigación, tales como el manejo de líneas de vacío, óptica infrarroja, instrumentación electrónica, etcétera. Mucho de esto lo aprendí de mi colega y amigo Francisco Tablas, que era entonces alumno de posdoctorado. Posteriormente gané la confianza necesaria para obtener resultados originales por mí mismo: mi primer logro consistió en explicar algunas propiedades de las señales de láser —que a primera vista aparentaban ser solamente ruido— pero que pude explicar como “oscilaciones de relajación” predecibles a partir de las ecuaciones fundamentales de las emisiones láser.
Los años que pasé en Berkeley han sido de los mejores de mi vida. Llegué allí justo después de la era del movimiento a favor de libre expresión. Tuve la oportunidad de explorar muchos campos y de involucrarme en apasionantes labores de investigación dentro de un ambiente intelectual estimulante. Fue también en esos años que tuve mi primera experiencia en relación con el impacto de la ciencia y la tecnología en la sociedad. Recuerdo que me impresionó el hecho de que en otros lugares se estaban desarrollando láseres químicos de alto poder para fines bélicos: deseaba participar en investigaciones que fueran útiles para la sociedad, y no que derivaran en resultados potencialmente destructivos.
Una vez terminados mis estudios de posgrado en 1972, permanecí en Berkeley por un año más para continuar mis investigaciones en dinámica química. Posteriormente, en 1973, me uní al equipo del profesor Sherwood (Sherry) Rowland como becario de posdoctorado, para lo que debí trasladarme a Irvine, California. Sherry había desarrollado la investigación en química del “átomo caliente” al estudiar las propiedades químicas de átomos con exceso de energía de traslación y derivados de procesos radioactivos. Sherry me ofreció una lista de opciones de investigación; el proyecto que más me atrajo consistía en averiguar el destino de ciertos productos químicos industriales muy inertes —los clorofluorocarbones (CFCs)— que se habían estado acumulando en la atmósfera, y que no parecían tener para entonces ningún efecto significativo en el medio ambiente. Este proyecto me brindó la oportunidad de aprender sobre el campo de la química atmosférica, del que sabía muy poco; el trabajo para resolver un problema desafiante parecía ser una forma magnífica de introducirme en una nueva área de investigación. Los CFCs son compuestos similares a otros que Sherry y yo habíamos investigado desde el punto de vista de la dinámica molecular; estábamos familiarizados con sus propiedades químicas, pero no con su química atmosférica.
Tres meses después de mi llegada a Irvine, Sherry y yo habíamos creado la “Teoría del agotamiento del ozono por los CFCs”. En un principio la investigación no parecía particularmente interesante: realicé una búsqueda sistemática de procesos que pudieran destruir los CFC en la atmósfera baja, pero nada parecía afectarlos. Sabíamos, sin embargo, que terminarían por alcanzar una altitud lo suficientemente elevada para ser destruidos por la radiación solar. El punto no era qué los destruye sino, más importante, cuáles son las consecuencias. Advertimos que los átomos de cloro producidos por la descomposición de los CFCs destruyen por catálisis al ozono. Nos hicimos realmente conscientes de la seriedad del problema cuando comparamos las cantidades industriales de CFCs con las de óxidos de nitrógeno que controlan los niveles de ozono; Paul Crutzen había identificado el papel de estos catalizadores de origen natural unos cuantos años antes. Nos alarmaba la posibilidad de que la liberación continua de CFCs en la atmósfera pudiera causar una degradación significativa de la capa de ozono estratosférica de la Tierra. Sherry y yo decidimos intercambiar información con la comunidad de científicos atmosféricos. Fuimos a Berkeley a conversar con el profesor Harold Johnston; conocíamos bien su trabajo sobre el impacto de la liberación de óxidos de nitrógeno por parte de la proyectada aeronave de transportación supersónica (SST) en la capa de ozono estratosférica. Johnston nos informó que meses antes Ralph Cicerone y Richard Stolarski habían llegado a similares conclusiones sobre las propiedades catalíticas en la estratosfera de los átomos de cloro, en relación con la liberación de cloruro de hidrógeno debida a erupciones volcánicas o al combustible de perclorato de amonio cuyo uso se tenía proyectado para el transbordador espacial.
Dimos a conocer nuestros descubrimientos en un artículo que apareció en el número del 28 de junio de 1974 de la revista Nature. Los años siguientes a la publicación de nuestro artículo fueron agitados, dado que habíamos decidido difundir el asunto no sólo a otros científicos, sino también a autoridades públicas y a los medios de comunicación: sabíamos que ésta era la única forma de asegurar que la sociedad tomara algunas medidas a fin de reducir el problema.
Para mí, Sherry Rowland siempre ha sido un maravilloso guía y colega. Me son entrañables los años de colaboración con él y mi amistad con él y Joan, su esposa. Cuando pasó su año sabático en Viena, durante el primer semestre de 1974, nos comunicamos por correo y teléfono. Hubo un gran intercambio de correo en ese corto periodo, lo que ilustra el agitado ritmo que imprimíamos a nuestra investigación a fin de refinar nuestra teoría del agotamiento del ozono. Poco después, Sherry y yo publicamos un buen número de nuevos artículos sobre el tema; presentamos nuestros resultados en reuniones científicas y también rendimos testimonio en audiencias legislativas sobre proyectos de control de emisiones de CFCs.
En 1975 me integré al cuerpo de profesores de la Universidad de California en Irvine. Si bien mantuve mi colaboración con Sherry, tenía que demostrar que como profesor asistente era capaz de hacer mis propias aportaciones en investigación. Establecí entonces un programa independiente de investigación sobre las propiedades químicas de compuestos de importancia atmosférica, particularmente de aquellos que son inestables y difíciles de manejar en laboratorio, como el ácido hipocloroso, el nitrito de cloro, el nitrato de cloro y el ácido peroxinítrico.
Si bien mis años en Irvine fueron muy productivos, echaba de menos mi trabajo de investigación en el laboratorio, que no podía realizar personalmente debido a las muchas responsabilidades que implicaba mi cargo en la facultad: impartir clases, supervisar el trabajo de estudiantes de posgrado, asistir a reuniones, etcétera. Luego de pasar siete años en Irvine como profesor asistente y, posteriormente, como profesor asociado, decidí dejar mi cargo académico. Así, me uní en 1982 al Departamento de Física y Química Molecular del Laboratorio de Propulsión a Chorro. Tenía un equipo de trabajo más pequeño —tan sólo algunos becarios de posdoctorado— pero también tenía el privilegio de conducir experimentos con mis propias manos, lo que disfruto mucho. De hecho, pasé muchas horas en el laboratorio durante aquellos años, realizando cálculos y desarrollando técnicas para el estudio de los problemas que se iban presentando. Hacia 1985, luego de enterarme del descubrimiento que hicieron Joseph Farman y sus colaboradores del agotamiento temporal del ozono sobre la Antártida, mi equipo de investigación del Laboratorio de Propulsión a Chorro investigó la química peculiar propiciada por las nubes estratosféricas polares, algunas de las cuales están formadas de cristales de hielo. Pudimos demostrar que las reacciones de activación por cloro ocurren con más eficiencia en presencia de hielo bajo condiciones estratosféricas polares. Así, simulamos en laboratorio los efectos químicos de las nubes sobre la Antártida. Igualmente, a fin de entender las rápidas reacciones de la fase catalítica del gas que estaban teniendo lugar sobre el Polo Sur, realizamos experimentos con peróxido de cloro, un nuevo compuesto que nunca había sido reportado en textos de química y que resultó ser importante para explicar la rápida pérdida de ozono en la estratosfera polar.
En 1989 regresé a la vida académica, trasladándome al Instituto de Tecnología de Massachusetts, donde he continuado mi trabajo de investigación sobre temas generales de química atmosférica. Si bien ya no paso mucho tiempo en el laboratorio, disfruto mucho del trabajo con mis alumnos de posgrado y posdoctorado, cuya labor representa un gran estímulo intelectual para mí. La enseñanza también me ha beneficiado: al explicar mi punto de vista a estudiantes con mentes críticas y abiertas, continuamente me veo obligado a examinar y recrear mis ideas. Ahora concibo la enseñanza y la investigación como actividades complementarias que se retroalimentan.
Cuando elegí por vez primera el proyecto de investigación sobre el devenir de los clorofluorocarbonos en la atmósfera, fue simplemente por curiosidad científica. No consideré en ese momento las consecuencias ambientales de lo que Sherry y yo comenzábamos a estudiar. Me emociona y me mueve a humildad el que pude hacer algo que no sólo contribuyó a nuestra compresión de la química atmosférica, sino que también tuvo profundas repercusiones en el medio ambiente global.
Uno de los aspectos más gratificantes de mi trabajo ha sido la interacción con un grupo inmejorable de colegas y amigos de la comunidad internacional de científicos atmosféricos. Valoro en verdad estas amistades, que han perdurado en muchos casos por veinte años o más, y que espero que se mantengan por muchos años más. Considero que este Premio Nobel representa un reconocimiento al excelente trabajo de mis colegas y amigos en el campo del agotamiento del ozono estratosférico.