viernes, 27 de enero de 2017

Acelerador de partículas en México



Acelerador de partículas Tandem Peletron

El concepto de acelerador de partículas se aplica a dispositivos o aparatos que permiten cambiar la velocidad de partículas cargadas para aumentar su energía cinética o modificar la dirección de su movimiento


El acelerador de partículas Peletrón de Mexico es un acelerador electrostático de tipo tandem de 3 MV, capaz de acelerar una gran variedad de iones en un amplio rango de energías. Estos iones son generalmente empleados en experimentos de Física Nuclear, implantación, Retrodispersión de Rutherford (RBS), PIXE y otras técnicas.

Los iones negativos, producidos en la fuente, son acelerados hasta energías del orden de los 50keV antes de ser inyectados en el acelerador. Este haz de iones se acelera nuevamente cuando es atraído hacia la terminal positiva de alto voltaje. Dentro del tanque acelerador los iones atraviesan un gas (nitrógeno), conocido como “stripper”, donde pierden electrones y adquieren carga positiva las cuales son nuevamente aceleradas. Este haz positivo sufre una nueva etapa de aceleración hasta que abandona el tanque con iones del doble de la energía inicial.
A la salida del tanque el haz de iones es enfocado hacia la línea de experimentación mediante el cuadrupolo magnético y el imán selector.
Todo el sistema, desde la generación, aceleración y distintas etapas de enfoque, hasta la utilización del haz en una línea específica, se encuentra a un vacío del orden de 10-6 - 10-8 Torr. Para ello se emplean bombas mecánicas y turbomoleculares.



miércoles, 18 de enero de 2017

La-Batalla-del-Eclipse


El 28 de mayo del año 585 antes de Cristo, un eclipse solar en Asia Menor provocó el abrupto final de una batalla, ya que los ejércitos beligerantes removieron sus armas y declararon una tregua.








Este no fue el primer eclipse solar registrado. Las tablillas de arcilla de Babilonia registraron este fenómeno en Ugarit en 1375 antes de Cristo. Mientras que observaciones posteriores identificaron eclipses solares totales que "convertían el día en noche" en 1063 y 763 a.C.


Pero el eclipse del año 585 fue el primero que se sabe que se predijo. El historiador griego Herodoto escribió que Tales de Mileto predijo un eclipse en un año en que los medos y los lidios estaban en guerra. Utilizando los mismos métodos de cálculo que predicen futuros eclipses, los astrónomos han sido capaces de calcular la hora en que algunos eclipses ocurrieron en el pasado. Es posible ejecutar el reloj planetario a la inversa, así como hacia adelante.





La predicción de un eclipse solar no es fácil. Es necesario calcular no sólo cuándo va a suceder, sino también los días en que será visible. En un eclipse lunar, el evento es visible en todo el lado de la Tierra que está en la noche, y la totalidad a menudo dura más de una hora. Sin embargo, en un eclipse solar, la sombra de la Luna cae sobre la Tierra en una trayectoria relativamente estrecha, y la duración máxima de la totalidad en cualquier lugar es de sólo 7 minutos y medio.

Por lo que se necesita saber la órbita de la luna en gran detalle, dentro de una pequeña fracción de minuto de arco. Los antiguos griegos no tenían estos datos.


Nadie conoce el método que Tales de Mileto utilizó para hacer su predicción. La técnica pudo haberla utilizado una sola vez, porque no hay otros registros de los griegos de esa época que hayan predicho con exactitud más eclipses. Se cree que Tales pudo haber estudiado las técnicas de los egipcios de medición de tierras (geometría en griego) más tarde codificadas por Euclides. Ante eso, surge la pregunta si Tales hizo la predicción del eclipse por sí mismo, o si simplemente la tomó de los egipcios. (ciclo de Saros)


Sin embargo, él hizo la predicción, y por muy precisa o imprecisa que podría haber sido, se produjo el eclipse. Aylattes, el rey de Lydia, estaba luchando contra Cyaxares, rey de los medos, probablemente cerca del río Halys en lo que hoy es el centro de Turquía.


Los cielos se oscurecieron. Los soldados de ambos reyes dejaron sus armas. 
La batalla había terminado.


Después de 15 años de lucha de ida y vuelta entre los medos y los lidios, los reyes de Cilicia y Babilonia intervinieron y negociaron un tratado. El río Halys, donde se libró la Batalla del Eclipse, se convirtió en la frontera entre los lidios y los medos.


                                             


jueves, 12 de enero de 2017

Las mejores universidades del mundo

Las mejores universidades del mundo 


Los ranking anuales de Educacion analizan a muchas instituciones de educación superior de todo el mundo por su desempeño 


Hace unos días conocimos el famoso Ranking Shanghai de las mejores universidades del mundo. Los resultados, como en ediciones anteriores, no dejan lugar a dudas: Estados Unidos sigue siendo el país con más universidades en este ranking y Latinoamerica es incapaz de colar siquiera a mas de 10 de sus universidades en el top 500 del mismo.

Observamos como en el escalón más alto del ranking repite la prestigiosa Universidad de Harvard, seguida por la de Stanford y por el Instituto de Tecnología de Massachusetts. De las veinte primeras universidades de la clasificación, 16 son norteamericanas, 3 británicas y una suiza.

America Latina no sale nada bien parada en el ranking. Hay que pasar las primeras 100 para encontrar la primera universidad de la zona, en este y en la mayoria de rankings solo podemos ver entre las mejores 200 universidades del planeta a la Universidad de Sao Paulo, a la Universidad Nacional Autónoma de México y la Universidad de Buenos Aires

En lo que se refiere a España, los resultados son desastrosos: sólo 13 universidades españolas se cuelan en el top 500. La primera es la Universidad de Barcelona, entre la posición 151 y 200. Le siguen la Autónoma de Barcelona, la Autónoma de Madrid y la Complutense madrileña.










                                               

Ranking de las 500 mejores Universidades del Mundo.

Las mejores Universidades de Latinoamerica en el Ranking Académico de las Universidades del Mundo (ARWU)


World 
Rank

101-150 University of Sao Paulo, Brasil

151-200 University of Buenos Aires, Argentina

201-300 National Autonomous University of Mexico,Mexico

301-400 Federal University of Rio de Janeiro,Brasil

301-400 UNESP, Brasil

301-400 University of Campinas Brasil

301-400 University of Chile,Chile

401-500 Catholic University of Chile,Chile

401-500 Federal University of Minas Gerais, Brasil

401-500 Federal University of Rio Grande do Sul, Brasil


fuente:



Parece evidente que en Latinoamerica  algo se está haciendo muy mal en el ámbito universitario.  Da para pensar, ¿no creen? solo 10 Universidades entre las mejores 500 del mundo.

CHINA mantiene fuertes lazos economicos con Brasil, por lo que coloca muchas escuelas brasileñas en el ranking, ¡6 Universidades!  asi con estos resultados la mejor educacion de latinoamerica se encuentra en Brasil, Mexico, Argentina y Chile.








Georges Lemaîtrey la teoría del Big Ban



Ciencia y fe: el origen del universo. Georges Lemaître: el padre del big-bang

La teoría del Big Bang, la Gran Explosión que habría originado nuestro mundo, pertenece a la cultura general de nuestra época. Originalmente fue formulada por el belga Georges Lemaître, físico y sacerdote católico. Con ocasión del centenario de su nacimiento se ha editado un libro que ilustra la vida y obra de Lemaître1.


Todo el mundo sabe algo de Galileo, Newton o Einstein, por citar tres nombres especialmente ilustres de la física. Pero pocos han oído hablar de Georges Lemaître, el padre de las teorías actuales sobre el origen del universo.


Una trayectoria singular
Lemaître nació en Charleroi (Bélgica) el 17 de julio de 1894, y murió el 20 de junio de 1966. No fue un sacerdote que se dedicó a la ciencia ni un científico que se hizo sacerdote: fue, desde el principio, las dos cosas. Desde muy joven descubrió su doble vocación, y lo comentó con su familia. Su padre le aconsejó estudiar primero Ingeniería, y así lo hizo, aunque su trayectoria se complicó porque se pasó a la física y además porque, en mitad de sus estudios, estalló la primera guerra mundial.


En 1911 fue admitido en la Escuela de Ingenieros. En verano de 1914 pensaba pasar sus vacaciones yendo al Tirol en bicicleta con un amigo, pero tuvo que cambiar las vacaciones por la guerra en la que se vio envuelto su país hasta 1918. Después volvió a la Universidad de Lovaina y cambió su orientación: se dedicó a las matemáticas y a la física. Como seguía con su idea de ser sacerdote, tras obtener el doctorado en física y matemáticas ingresó en el Seminario de Malinas y fue ordenado sacerdote por el Cardenal Mercier, el 22 de septiembre de 1923. Ese mismo año le fueron concedidas dos becas de investigación, una del gobierno belga y otra de una Fundación norteamericana, y fue admitido en la Universidad de Cambridge (Inglaterra) como investigador de astronomía.


El observatorio astronómico de Cambridge estaba entonces dirigido por Sir Arthur Eddington, uno de los astrofísicos más importantes del siglo XX. Eran unos años muy importantes para la física. Einstein había formulado la relatividad especial en 1905, y en 1915 la relatividad general, que por vez primera permitía estudiar científicamente el universo en su conjunto. Lemaître siguió las enseñanzas de Eddington y también las de Rutherford, padre de la física nuclear. En junio de 1924 volvió a Bruselas, pero ese mismo año volvió a viajar por motivos científicos, esta vez a Canadá y Estados Unidos. En América, además de encontrar a Eddington, tuvo la oportunidad de conocer directamente a algunos físicos que, en aquellos momentos, estaban realizando trabajos pioneros en las observaciones astronómicas, y pasó el curso 1924-1925 trabajando en Harvard con uno de ellos, Harlow Shapley.


Desde octubre de 1925, Lemaître fue profesor de la Universidad de Lovaina. Abierto y simpático, tenía grandes dotes para la investigación y era un profesor nada convencional. Ejerció una gran influencia en muchos alumnos y promovió la investigación en la Universidad. Además, en 1930 se hizo famoso en la comunidad científica mundial y sus viajes, especialmente a los Estados Unidos, fueron ya una constante durante muchos años.


Lemaître se hizo famoso por dos trabajos que están muy relacionados y se refieren al universo en su conjunto: la expansión del universo, y su origen a partir de un «átomo primitivo».


La expansión del universo
Las ecuaciones de la relatividad general, formuladas por Einstein en 1915, permitían estudiar el universo en su conjunto. El mismo Einstein lo hizo, pero se encontró con un universo que no le gustaba: era un universo que cambiaba con el tiempo, y Einstein, por motivos no científicos, prefería un universo inalterable en su conjunto. Para conseguirlo, realizó una maniobra que, al menos en la ciencia, suele ser mala: introdujo en sus ecuaciones un término cuya única función era mantener al universo estable, de acuerdo con sus preferencias personales. Se trataba de una magnitud a la que denominó «constante cosmológica». Años más tarde, dijo que había sido el peor error de su vida.


Otros físicos también habían desarrollado los estudios del universo tomando como base la relatividad general. Fueron especialmente importantes los trabajos del holandés Willem de Sitter en 1917, y del ruso George Friedman en 1922 y 1924. Friedman formuló la hipótesis de un universo en expansión, pero sus trabajos tuvieron escasa repercusión en aquellos momentos.


Lemaître trabajó en esa línea hasta que consiguió una explicación teórica del universo en expansión, y la publicó en un artículo de 1927. Pero, aunque ese artículo era correcto y estaba de acuerdo con los datos obtenidos por los astrofísicos de vanguardia en aquellos años, no tuvo por el momento ningún impacto especial, a pesar de que Lemaître fue a hablar de ese tema, personalmente, con Einstein en 1927 y con de Sitter en 1928: ninguno de los dos le hizo caso.


Para que a uno le hagan caso, suele ser importante tener un buen intercesor. El gran intercesor de Lemaître fue Eddington, quien le conocía por haberle tenido como discípulo en Cambridge el curso 1923-1924. El 10 de enero de 1930 tuvo lugar en Londres una reunión de la Real Sociedad Astronómica. Leyendo el informe que se publicó sobre esa reunión, Lemaître advirtió que tanto de Sitter como Eddington estaban insatisfechos con el universo estático de Einstein y buscaban otra solución. ¡Una solución que él ya había publicado en 1927! Escribió a Eddington recordándole ese trabajo de 1927. A Eddington, como a Einstein y por motivos semejantes, tampoco le hacía gracia un universo en expansión; pero esta vez se rindió ante los argumentos y se dispuso a reparar el desaguisado. El 10 de mayo de 1930 dió una conferencia ante la Sociedad Real sobre ese problema, y en ella informó sobre el trabajo de Lemaître: se refirió a la «contribución decididamente original avanzada por la brillante solución de Lemaître», diciendo que «da una respuesta asombrosamente completa a los diversos problemas que plantean las cosmogonías de Einstein y de de Sitter». El 19 de mayo, de Sitter reconoció también el valor del trabajo de Lemaître que fue publicado, traducido al inglés, por la Real Sociedad Astronómica. Lemaître se hizo famoso.


La fama de Lemaître se consolidó en 1932. Muchos astrónomos y periodistas estaban presentes en Cambridge (Estados Unidos), en la conferencia que Eddington pronunció el día 7 de septiembre en olor de multitud, y en esa conferencia Eddington se refirió a la hipótesis de Lemaître como una idea fundamental para comprender el universo (Lemaître estaba presente en la conferencia). El día 9, en el Observatorio de Harvard, se pidió a Eddington y Lemaître que explicasen su teoría.


El átomo primitivo
Si el universo está en expansión, resulta lógico pensar que, en el pasado, ocupaba un espacio cada vez más pequeño, hasta que, en algún momento original, todo el universo se encontraría concentrado en una especie de «átomo primitivo». Esto es lo que casi todos los científicos afirman hoy día, pero nadie había elaborado científicamente esa idea antes de que Lemaître lo hiciera, en un artículo publicado en la prestigiosa revista inglesa «Nature» el 9 de mayo de 1931.

El artículo era corto, y se titulaba «El comienzo del mundo desde el punto de vista de la teoría cuántica». Lemaître publicó otros artículos sobre el mismo tema en los años sucesivos, y llegó a publicar un libro titulado «La hipótesis del átomo primitivo».

En la actualidad estamos acostumbrados a estos temas, pero la situación era muy diferente en 1931. De hecho, la idea de Lemaître tropezó no sólo con críticas, sino con una abierta hostilidad por parte de científicos que reaccionaron a veces de modo violento. Especialmente, Einstein encontraba esa hipótesis demasiado audaz e incluso tendenciosa.


Llegamos así a una situación que se podría calificar como «síndrome Galileo». Este síndrome tiene diferentes manifestaciones, según los casos, pero responde a un mismo estado de ánimo: el temor de que la religión pueda interferir con la autonomía de las ciencias. Sin duda, una interferencia de ese tipo es indeseable; pero el síndrome Galileo se produce cuando no existe realmente una interferencia y, sin embargo, se piensa que existe.


En nuestro caso, se dio el síndrome Galileo: varios científicos (entre ellos Einstein) veían con desconfianza la propuesta de Lemaître, que era una hipótesis científica seria, porque, según su opinión, podría favorecer a las ideas religiosas acerca de la creación. Pero antes de analizar más de cerca las manifestaciones del «síndrome Galileo» en este caso, vale la pena registrar cómo se desarrollaron las relaciones entre Lemaître y Einstein.


Einstein y Lemaître
El artículo de Lemaître de 1927, sobre la expansión del universo, no encontró mucho eco. Desde luego, Lemaître no era un hombre que se quedase con los brazos cruzados. Convencido de la importancia de su trabajo, fue a explicárselo al mismísimo Einstein.

El primer encuentro fue, más bien, un encontronazo. Del 24 al 29 de octubre de 1927 tuvo lugar, en Bruselas, el famoso quinto congreso Solvay, donde los grandes genios de la física discutieron la nueva física cuántica. Lemaître buscó hablar con Einstein sobre su artículo, y lo consiguió. Pero Einstein le dijo: «He leído su artículo. Sus cálculos son correctos, pero su física es abominable». Lemaître, convencido de que Einstein se equivocaba esta vez, buscó prolongar la conversación, y también lo consiguió. El profesor Piccard, que acompañaba a Einstein para mostrarle su laboratorio en la Universidad, invitó a Lemaître a subir al taxi con ellos. Una vez en el coche, Lemaître aludió a la velocidad de las nebulosas, tema que en aquellos momentos era objeto de importantes resultados que Lemaître conocía muy bien y que se encuentra muy relacionado con la expansión del universo. Pero la situación se volvió bastante embarazosa, porque Einstein no parecía estar al corriente de esos resultados. Piccard decidió huir hacia adelante: para salvar la situación, ¡comenzó a hablar con Einstein en alemán, idioma que Lemaître no entendía!

Las relaciones de Lemaître con Einstein mejoraron más tarde. La primera aproximación vino a través de los reyes de Bélgica, que se interesaron por los trabajos de Lemaître y le invitaron a la corte. Einstein pasaba cada año por Bélgica para visitar a Lorentz y a de Sitter, y en 1929 encontró una invitación de la reina Elisabeth, alemana como Einstein, en la que le pedía que fuera a verla llevando su violón (tocar el violón era una afición común a la reina y a Einstein): esa invitación fue seguida por muchas otras, de modo que Einstein llegó a ser amigo de los reyes. En una conversación, el rey preguntó a Einstein sobre la famosa teoría acerca de la expansión del universo, e inevitablemente se habló de Lemaître; notando que Einstein se sentía incómodo, la reina le invitó a improvisar, con ella, un dúo de violón. Ya llovía sobre mojado.

Otra aproximación se produjo en 1930, en una ceremonia en Cambridge, donde Einstein encontró a Eddington. De nuevo salió en la conversación la teoría del sacerdote belga, y Eddington la defendió con entusiasmo.

Einstein tuvo varios años para reflexionar antes de encontrarse de nuevo personalmente con Lemaître, en los Estados Unidos. Lemaître había sido invitado por el famoso físico Robert Millikan, director del Instituto de Tecnología de California. Entre sus conferencias y seminarios, el 11 de enero de 1933 dirigió un seminario sobre los rayos cósmicos, y Einstein se encontraba entre los asistentes. Esta vez, Einstein se mostró muy afable y felicitó a Lemaître por la calidad de su exposición. Después, ambos se fueron a discutir sus puntos de vista. Einstein ya admitió entonces que el universo está en expansión; sin embargo, no le convencía la teoría del átomo primitivo, que le recordaba demasiado la creación. Einstein dudó de la buena fe de Lemaître en ese tema, y Lemaître, por el momento, no insistió.


En mayo de 1933, Einstein dirigió algunos seminarios en la Universidad Libre de Bruselas. Al enterarse de que Hitler había sido nombrado Canciller de la República Alemana, fue a la Embajada alemana en Bruselas para renunciar a la nacionalidad alemana y dimitir de sus puestos en la Academia de Ciencias y en la Universidad de Berlín. Einstein permaneció varios meses en Bélgica, preparando su porvenir de exiliado. En esas circunstancias, Lemaître fue a verle y le organizó varios seminarios. En uno de ellos, Einstein anunció que la conferencia siguiente la daría Lemaître, añadiendo que tenía cosas interesantes que contarles. El pobre Lemaître, cogido esta vez por sorpresa, pasó un fin de semana preparando su conferencia, y la dió el 17 de mayo. Einstein le interrumpió varias veces en la conferencia manifestando su entusiasmo, y afirmó entonces que Lemaître era la persona que mejor había comprendido sus teorías de la relatividad.


De enero a junio de 1935, Lemaître estuvo en los Estados Unidos como profesor invitado por el Instituto de Estudios Avanzados de Princeton. En Princeton encontró por última vez a Einstein.


Ciencia y religión
Volvamos al síndrome Galileo. A Einstein le costó aceptar la expansión del universo, aunque finalmente tuvo que rendirse ante ella, porque sus ideas religiosas se situaban en una línea que de algún modo podría calificarse, con los debidos matices, como panteísta. Por tanto, al otorgar de algún modo un carácter divino al universo, le costaba admitir que el universo en su conjunto va cambiando con el tiempo. Los mismos motivos le llevaron a rechazar la teoría del átomo primitivo. Un universo que tiene una historia y que comienza en un estado muy singular le recordaba demasiado la idea de creación.


Einstein no era el único científico que sufría los efectos del síndrome Galileo. El simple hecho de ver a un sacerdote católico metiéndose en cuestiones científicas parecía sugerir una intromisión de los eclesiásticos en un terreno ajeno. Y si ese sacerdote proponía, además, que el universo tenía un origen histórico, la presunta intromisión parecía confirmarse: se trataría de un sacerdote que quería meter en la ciencia la creación divina. Pero los trabajos científicos de Lemaître eran serios, y finalmente todos los científicos, Einstein incluido, lo reconocieron y le otorgaron todo tipo de honores.


Lamaître jamás intentó explotar la ciencia en beneficio de la religión. Estaba convencido de que ciencia y religión son dos caminos diferentes y complementarios que convergen en la verdad. Al cabo de los años, declaraba en una entrevista concedida al New York Times: «Yo me interesaba por la verdad desde el punto de vista de la salvación y desde el punto de vista de la certeza científica. Me parecía que los dos caminos conducen a la verdad, y decidí seguir ambos. Nada en mi vida profesional, ni en lo que he encontrado en la ciencia y en la religión, me ha inducido jamás a cambiar de opinión».


Un hecho resulta especialmente significativo en este contexto. El 22 de noviembre de 1951, el Papa Pío XII pronunció una famosa alocución ante la Academia Pontificia de Ciencias. Algún pasaje parece sugerir que la ciencia, y en particular los nuevos conocimientos sobre el origen del universo, prueban la existencia de la creación divina. Lemaître, que en 1960 fue nombrado Presidente de la Academia Pontificia de Ciencias, pensó que era conveniente clarificar la situación para evitar equívocos, y habló con el jesuita Daniel O'Connell, director del Observatorio Vaticano, y con los Monseñores dell'Acqua y Tisserand, acerca del próximo discurso del Papa sobre cuestiones científicas. El 7 de septiembre de 1952, Pío XII dirigió un discurso a la asamblea general de la Unión astronómica internacional y, aludiendo a los conocimientos científicos mencionados en el discurso precedente, evitó extraer las consecuencias que podían prestarse a equívocos.


Lemaître dejó clara constancia de sus ideas sobre las relaciones entre ciencia y fe. Uno de sus textos resulta especialmente esclarecedor: «El científico cristiano debe dominar y aplicar con sagacidad la técnica especial adecuada a su problema. Tiene los mismos medios que su colega no creyente. También tiene la misma libertad de espíritu, al menos si la idea que se hace de las verdades religiosas está a la altura de su formación científica. Sabe que todo ha sido hecho por Dios, pero sabe también que Dios no sustituye a sus creaturas. La actividad divina omnipresente se encuentra por doquier esencialmente oculta. Nunca se podrá reducir el Ser supremo a una hipótesis científica. La revelación divina no nos ha enseñado lo que éramos capaces de descubrir por nosotros mismos, al menos cuando esas verdades naturales no son indispensables para comprender la verdad sobrenatural. Por tanto, el científico cristiano va hacia adelante libremente, con la seguridad de que su investigación no puede entrar en conflicto con su fe. Incluso quizá tiene una cierta ventaja sobre su colega no creyente; en efecto, ambos se esfuerzan por descifrar la múltiple complejidad de la naturaleza en la que se encuentran sobrepuestas y confundidas las diversas etapas de la larga evolución del mundo, pero el creyente tiene la ventaja de saber que el enigma tiene solución, que la escritura subyacente es al fin y al cabo la obra de un Ser inteligente, y que por tanto el problema que plantea la naturaleza puede ser resuelto y su dificultad está sin duda proporcionada a la capacidad presente y futura de la humanidad. 

Probablemente esto no le proporcionará nuevos recursos para su investigación, pero contribuirá a fomentar en él ese sano optimismo sin el cual no se puede mantener durante largo tiempo un esfuerzo sostenido. En cierto sentido, el científico prescinde de su fe en su trabajo, no porque esa fe pudiera entorpecer su investigación, sino porque no se relaciona directamente con su actividad científica». Estas palabras, pronunciadas el 10 de septiembre de 1936 en un Congreso celebrado en Malinas, sintetizan nítidamente la compatibilidad entre la ciencia y la fe, en un mutuo respeto que evita indebidas interferencias, y a la vez muestran el estímulo que la fe proporciona al científico cristiano para avanzar en su arduo trabajo. Lemaitre vio en la relatividad lo que Einstein no pudo


10 datos del darwinismo



Fue importante para el pensamiento humano porque lo fue para la ciencia. A Darwin se le considera el descubridor de la evolución, pero no es verdad; en 1859 el mundo científico occidental ya aceptaba la evolución.

 Darwin hizo algo mucho más importante, descubrió las causas de la evolución. Encontró evidencias de que la evolución ocurría como predecía su teoría de la adaptación por selección natural. La existencia de un método que explicara cómo ocurría la evolución ayudó a que se aceptara


¿la evolución es solo una teoría?Si,  hay gente que ataca la evolución con el argumento de que es solo una teoría. Lo que pasa es que no entienden lo que quiere decir la palabra “teoría” en ciencia. En el lenguaje común, es una suposición sin fundamento, pero en ciencia, una teoría es una hipótesis científica que se ha corroborado y confirmado. En ese sentido, la teoría de la evolución es una teoría, pero no lo es en el otro sentido de especulación.



¿La evolución es aleatoria?

La evolución tiene componentes aleatorios. Las mutaciones ocurren al azar, en el sentido de que no ocurren porque sean beneficiosas. Sin embargo, el proceso de selección natural que gobierna la evolución no es aleatorio, porque lleva a que los cambios genéticos que resultan útiles se multipliquen, y los que no, se eliminen.



¿Somos monos?

Todos los humanos son primates, pero no todos los primates son humanos. Evidentemente, somos primates, pero no monos. No cabe duda de que somos muy diferentes aunque taxonómicamente estemos muy emparentados.



¿Qué es la selección natural?

La selección natural es un fenómeno de la evolución con carácter de ley general y que se define como la reproducción diferencial de los genotipos en el seno de una población biológica.





miércoles, 11 de enero de 2017

innovación científica en México

Con horror y estupor leí un artículo en la revista Scientific American. 

Se trató de un número especial sobre la ciencia en el mundo y uno de sus texto fue sobre la razón de que en México se hace poca innovación. Nunca imaginé que utilizarían a nuestro país como ejemplo de fracaso y que se ventilaran sus problemas tan superficialmente. Las causas que señalaron para la baja incorporación de nuevo conocimiento en la industria fueron las siguientes: La falta de confianza que tenemos los mexicanos en nosotros mismos, aunada a nuestro conservadurismo.

 En el caso de emprender un nuevo proyecto empresarial, nos es más sencillo contratar una firma extranjera que una mexicana. Varios de los grandes industriales mexicanos están satisfechos con sus maquiladoras y establecimientos que prestan servicios y no tienen la visión de dar el gran salto para sus negocios, aliándose con la ciencia que se genera en México. Además los empresarios quieren ganancias del 20% desde el primer año; no están dispuestos a arriesgar. La falta de financiamiento oportuno por parte del estado. En efecto, en años recientes el dinero que el México destina a ciencia y tecnología ha sido insuficiente y llega tarde y etiquetado para equipo. 

Los empresarios tienen muy poco tiempo para gastarlo (un par de meses) y deben pagar todos los impuestos, aunque después se les reintegren, lo cual los asfixia. La falta de comunicación entre la ciencia y la industria es otro problema. También lo es que un enorme número de jóvenes doctores, según el texto 70%, no regresan a México por falta de oportunidades. Así mismo el artículo del Scientific American menciona que en México no estamos acostumbrados al fracaso. 

Señala que en sitios como Silicon Valley existe un número significativo de empresas que surgen de grandes ideas y no despegan. Sin embargo, los empresarios no se dan por vencidos, vuelven a comenzar con otra idea hasta que logran echar a andar productos innovadores. Por supuesto que el artículo también comenta el problema de la inseguridad en la región norte de México y en las trabas burocráticas y la corrupción que aquejan a nuestro país. Desde luego que otro problema es el de la evaluación de los investigadores que se asocian con la industria. En ocasiones no son apreciados en sus comunidades y se les castiga en lo que respecta a los estímulos económicos ya que ellos no pueden publicar los secretos industriales que generan. 

Curiosamente al día siguiente de leer el artículo antes citado, fui a Monterrey a impartir la plática inaugural de la Semana Nacional de Ciencia y Tecnología. En esa ciudad se ha construido un enorme parque industrial a un lado de la carretera al aeropuerto. Al lado del acceso se observan dos imponentes edificios de la Universidad Autónoma y del Tecnológico de Monterrey, ambas instituciones del más alto prestigio. Además existen en el estado cien centros de investigación con lazos fuertes con la industria y el parque albergará unas mil industrias donde se empleará la innovación. 

Todo parece indicar que el artículo se escribió con una visión parcial de la realidad nacional. En efecto es fundamental vincular la industria con la investigación si queremos que México se anexe a la modernidad y sea una sociedad del conocimiento. El estado mexicano ha incrementado sustancialmente el gasto en ciencia y tecnología. Debemos confiar en nosotros mismos, combatir la corrupción, hacer prospección en lo que se refiere al crimen organizado, buscar maneras de mejorar la comunicación entre la ciencia y la industria y mantener los estímulos económicos a quienes realizan innovación. 

Por fortuna cada vez hay más becas para jóvenes recién doctorados en las industrias, para que las conozcan y busquen maneras de que estas ingresen al mundo de la innovación. Una de las metas del gobierno Mexicano es estrechar los vínculos entre la ciencia y la industria, estamos trabajando.